
Selena Gomez ejerció, en esta edición de los Grammy, de acompañante de Taylor Swift, que por algo son best friends, pero no por ello descuidó sus estilismos. Posando de diva como la que más, incluso cambió de vestuario a mitad de gala siendo fiel, en ambas ocasiones, a los vestidos ceñidos con escotazo y cut-outs. En la alfombra roja, su vestido azul de lentejuelas era obra de Calvin Klein Collection mientras que una vez hecho el posado y ya en el interior del recinto, se puso un vestido color burdeos de la firma Cushnie et Ochs.
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